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Hace ya demasiados días, me tocaron dos entradas para ir a ver a Alppine, Hate and Love at Home y a Muñeco. Decir que no había oído hablar de ellos seguro que daña mi imagen de moderna, joder. Pero no pasa nada. Ahora sé quiénes son y les voy a querer para siempre.

Aunque -ehem- el concierto empezó algo retrasado, no importa. Nos dieron comida. Había un after-work en el Music Hall y nos juntamos ahí un montón de gente modernísima, comiendo queso y pan con tomate. Muy familiar todo. Muy bonito todo. Muy ¿Cuándo empieza el concierto, por favor? todo.

Con una sala medio llena -al fin y al cabo, soy una optimista- abrieron Alppine. Con una mesa en el escenario con un montón de cables, me hicieron pensar que debían ser seres superiores, con una gran capacidad de organización mental. Una combinación de teclados, mucho botón, guitarras eléctricas y la voz de esa chica que casi no se oía pero estaba ahí, haciéndose notar. El turno de las guitarras se intercambiaba en cada canción entre Diego y Alberto, que vibraban más que sus putas cuerdas. En una sala que aguantaba la respiración, esperando el próximo giro en la melodía, nuestros oídos latían con un sonido que parecía que se iba creando a medida que avanzaba el concierto. Ver a Alppine en directo es como ver cómo se fabrica el ruido.  

Salían al escenario Hate and Love at Home, con un ritmazo funky que hace que se te muevan partes del cuerpo que no sabías que podías mover. Entre un público visiblemente más animado, que no más numeroso, el grupo se movía al ritmo de su propia música. Frescos y divertidos. Con unos ritmos bien marcados y una gran ejecución. Y luego empezaron a volar bragas. Literalmente. El público coreó “Time to be the one”, y eso que apenas hacía un par de semanas que habían lanzado el single. Con los bailes de David, y un último tema interpretado por Efrem a la guitarra, Hate and Love at Home fueron la fiesta de la noche. Sin ninguna duda.

Como no se puede fumar en las salas, me perdí el principio de Muñeco. Pero volví para encontrarme envuelta en un rock psicodélico, noisy, detallista. Con mucha guitarra y mucha distorsión bien usada. Interminables solos de los que se meten en el fondo del cerebro y no te dejan pensar. Muñeco tiró de decibelios para hacernos flotar a todos, jugando con los ritmos magistralmente y no dejando que nos asentáramos. Me quedé completamente ensimismada, intentando oírlo todo a la vez. No sé si lo conseguí, pero el ‘menos es más’ ya no tiene mucho sentido.

 

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Un pensamiento en “ALPPINE, HATE AND LOVE AT HOME Y MUÑECO O ¿DE DONDE SALIERON ESAS BRAGAS?

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